lunes 21 de diciembre de 2009

La lucha de clases escupe el asado



Para todos en la facultad -excepto aquellos que se quedaron laburando en algun portfolio para Campañas o editando su documental para Taller II cátedra De Carli-, los días que siguen a la última semana de noviembre constituyen una breve pausa entre el final del cuatrimestre y el principio del estudio para los finales. Un momento en el que todo el peso del año se relaja un poco, y que algunos aprovechan para festejar victorias parciales.

Tal fue el caso de nuestra estimada B., quien -feliz por haber terminado de cursar todas sus materias- organizó para uno de estos sábados un bonito asado en la terraza de su casa.

Allí nos dirigimos varios de quienes compartimos con ella una o más de las treinta materias del tronco de la carrera de Comunicación. Fue una buena chance para hablar con algunas caras conocidas pero nunca conversadas en todo este tiempo, y para alimentarnos bien luego de meses enteros de vivir a base de árabes de jamón y queso de La Barbarie. Compartiendo el asado estábamos unos quince galponeros más la familia de la organizadora, y la conversación venía por los carriles esperables de una reunión del estilo.

Promediando la velada, surgió un comentario relacionado con la empresa Techint y el mal trato (o maltrato) a sus empleados. Al parecer, la compañía tiene una obra social propia que obliga a los médicos que atienden a sus empleados a escribir para qué dolencia es el fármaco que están recetando, una práctica anormal en el campo médico y que (de acuerdo con mi amiga N., que cuenta con varios amigos empleados en la planta Siderar de San Nicolás) avasallaba el derecho a la intimidad de los laburantes de la firma. Su comentario recibió una inesperada devolución de parte del padre de la organizadora del asado, que al parecer trabaja -o trabajó- como asesor financiero de las cuentas de Techint. Y así fue que antes que pudieran decir "Fredrich Engels", comenzó la discusión.

Entre vacío y ensalada, N. redobló la apuesta y señaló que la empresa Techint, de autoproclamadas ganancias récord durante el año pasado, prometió un premio especial a los empleados por su productividad que jamás llegó. ¿La excusa? "La crisis". (Pueden ver más sobre el tema acá.) La defensa del dueño de casa fue que la cosa estaba difícil y que, incluso con ganancias, había que ahorrar porque sino se venían "los indios", que también producían acero, y "te pasaban por encima".

- Lo que pasa -intercedí- es que, incluso suponiendo que hay crisis, el hilo siempre se corta por el lado más fino...

De hecho, en la misma nota que cité más arriba se explica cómo, mientras a los empleados de Siderar les adeudan 27 millones de pesos, un director de la misma firma se embolsó 6 palos verdes en concepto de honorarios y asignaciones.

La charla fue lo más cordial posible, pero la tensión ya estaba instalada. Difícil hacer coincidir, en una misma mesa, ambas posiciones. Allí fue cuando recordé una frase de un teórico de Mangone, cuando cursé Comunicación II en 2006, que luego encontré colgada en la web:

"Desde la teoría marxista las clases sociales existen porque existe lucha de clases... Por eso en general en la tregua de la lucha de clases se disimula su existencia, por ejemplo la fiesta, el fin de semana, Navidad, el domingo, el “somos todos iguales de la misa”, o de la mesa familiar, etc. ¿vieron que en esos momentos hay poca propaganda política? Es curioso: ¿Por qué no se volantea una cancha de fútbol donde hay 40 mil personas, o la calle Corrientes, la 9 de julio o Callao un sábado a la noche? Uno tiene que ir a propagandizar en el lugar donde está la gente, pero históricamente hay como treguas, como pausas donde se suspende virtualmente la lucha de clases. (...) La lucha de clases es escupir el asado, es aguar la fiesta, es terminar con la cosmogonía comunitaria, interrumpir la siesta del barrio. La politización: poder, conflicto, lucha."

Pasada la medianoche, tuve que rajar hacia una fiesta ochentosa -la suspensión de la lucha de clases seguía su curso, por supuesto-, pero tuve tiempo de comentar con mi amiga Euge y con la dueña de casa lo simpático de la situación y la literalidad de la sentencia mangoniana.

6 comentarios:

Pat- dijo...

Lo de la negación a pagar el premio a la producción por culpa de "la crisis" fue una avivada muy común en grandes empresas como la que nombrás en el post, los empleados de una empresa que llamaremos L. tuvieron que hacer "piquete" y negociar al final un valor menor del premio en cuestión.

Mariel Joaquín dijo...

Been there, done that.

darktide-baires dijo...

Igual no deja de sorprender como algunos cipayos se siguen creyendo eso de ponerse la camiseta de la empresa. O sea, puedo entenderlo en una PyME (en donde hay que cuidar el bolichito del que morfan todos); no así en una empresa grande y garca como Techint que, en cuanto les dejaste de ser útil, te dan una patada en el orto sin ningún remordimiento

Cinzcéu dijo...

"¡Bien, Don Carlos!".

Gonzalez de Leon dijo...

Podemos entenderlo en una PyME, pero no justificarlo...

Lo que dice Mangone sobre la lucha de clases (por cierto, lo dice muy bien) podría aplicarse a cualquier pensamiento complejo. En las fiestas, clasificadas dentro del "tiempo libre", toda reflexión medianamente elaborada suele desentonar. Para estas personas, pensar es trabajoso y lo que quieren es "divertirse", esto es, desviar la atención de las cosas importantes: el trabajo, justamente, donde se reproducen en todo sentido.
No hace falta ser marxista, a Maquiavelo y a Adam Smith también los marginaban en los asados.

Fede dijo...

Pero hay pálidas y pálidas, Leandro.

Adam Smith seguro era un denso en los asados, pero si el que lo escuchaba tenía dos dedos de frente e intereses protocapitalistas, le iba a interesar eso de que "contribuyendo a su propio interés egoísta contribuía al bien común".

Todo lo contrario con las teorías del barbudo y sus derivados que, sin dudas, son las que más escupen el asado.