domingo, 27 de febrero de 2011

La segunda etapa del edificio único, lista

Página/12, 26-02-2011:

INAUGURARON LA SEGUNDA ETAPA DE LA OBRA DEL EDIFICIO UNICO PARA LA FACULTAD
Fue un día esperado para Sociales

El edificio está ubicado en Santiago del Estero al 1000. El decano Caletti presentó las obras que habilitaron 60 nuevas aulas.

por Federico Poore



Esperado y reclamado por muchos, el edificio único de Sociales finalmente va tomando forma. El decano Sergio Caletti presentó ayer la segunda etapa de la obra del edificio ubicado en Santiago del Estero al 1000 y anunció la licitación para la última fase del proyecto, que promete albergar allí a todas las carreras de la facultad. Por lo pronto, Comunicación y Ciencia Política ya mudaron su sede a la ex fábrica de Terrabusi y se sumaron a Trabajo Social y a los posgrados, que ya estaban. “Esperemos que con esto se pueda mejorar la cursada de las distintas carreras”, expresó Caletti.

Luego de los anuncios, Página/12 recorrió el predio de Constitución donde más de 10 mil estudiantes cursarán a partir del mes próximo y pudo comprobar las mejoras edilicias con respecto a las derruidas sedes de Ramos Mejía y Marcelo T. de Alvear.

Con la inauguración de ayer quedaron habilitadas 60 aulas, todas recién pintadas y con luz natural. (En algunas de ellas se estaban tomando los exámenes de febrero.) Los únicos salones planificados para ser deliberadamente oscuros fueron los del subsuelo, donde funcionarán los estudios de edición de audio y video. Cada una de las aulas cuenta ahora con un sistema individual de calefacción y aire acondicionado.

La estrella de la nueva construcción es el auditorio. De radiante amarillo, y con capacidad para 630 personas, la facultad espera no tener que convertirlo en aula –como sucedía con algunos de los teóricos que se dictaban en Ramos– y poder usarlo, en cambio, como salón de actos.

Estos cambios se vuelven más palpables si uno mira por el ventanal del segundo piso, que da a la parte aún no reciclada de la fábrica, y la compara con las refacciones encaradas hasta el momento. En total, esta segunda fase implicó una inversión de casi 24 millones de pesos, provenientes del Ministerio de Planificación Federal.

Ahora resta la tercera y última etapa, que arrancará en mayo. Este tramo final se divirá en dos partes: primero se terminará con el espacio destinado a las aulas y el comedor, y luego se encarará la construcción del cuarto piso, las oficinas y la biblioteca. En total serán casi 33 mil metros cuadrados, incluyendo patios, terrazas y un estacionamiento. Los cálculos más optimistas hablan de mudar el año próximo a Sociología y Relaciones del Trabajo. De esta manera, los 24 mil estudiantes activos de la facultad compartirán, finalmente, una única sede.

El edificio único de Sociales es un largo reclamo de la comunidad educativa que se remonta a 1997, cuando se inauguró la sede de Parque Centenario. La intención original fue mudar las carreras que se estaban impartiendo en Marcelo T., “pero el crecimiento exponencial de Sociales, sobre todo en las carreras de Comunicación y Relaciones del Trabajo, hizo que el edificio quedara más que chico”, explicó Caletti.

En este contexto comenzó el proyecto de mudanza a la calle Santiago del Estero, y en marzo de 2003 el Consejo Superior de la UBA resolvió comprar la ex fábrica Terrabusi. Los intentos por terminar la obra lo antes posible se encontraron con laberintos técnicos y conflictos estudiantiles, como la toma del año pasado que se extendió durante más de un mes y medio. “Fue una historia larguísima, tendría que haber sido más corta”, admitió Caletti, quien ahora se mostró confiado en que el nuevo edificio “nos alcance un tiempo más”.

viernes, 15 de octubre de 2010

miércoles, 13 de octubre de 2010

Asamblea, representación y legitimidad

Estoy demasiado cansado para opinar en general sobre el conflicto universitario (sobre el que, resumiendo, creo que todas las partes deberían hacer una seria autocrítica) pero voy a hablar de algo en particular que no quiero dejar pasar.

No me molesta que una asamblea se declare legítima representante de los estudiantes: no hay órgano estudiantil más democrático que ése en la facultad, si somos justos. Pero para que esto tenga validez, debe darle espacio a todos los estudiantes a participar de ella.

Hoy se le negó la palabra a un estudiante, simplemente por el hecho de ser del PRO. Esto lleva a dos observaciones: 1) tácitamente, los que lo hicieron contradijeron su mensaje de que el PRO es igual al Gobierno Nacional, ya que a los que simpatizan con este último todo el mundo los deja hablar. 2) No tengo ninguna simpatía ni con el Gobierno ni con el PRO, pero ¿puede un órgano seguir considerándose legítimo representante del movimiento estudiantil si declara que parte de los estudiantes no tienen derecho a participar de él? ¿Con qué fundamentos?

No sólo la decisión en sí es cuestionable (creo que debería revertirse con una moción de orden ni bien empiece la próxima asamblea, autorizando a hablar a todo el que así lo desee): la metodología fue de lo más sucio que vi (en medio de asambleas que vienen siendo limpias): votaron 25 personas de las 700 presentes y casi nadie entendió qué se votaba en medio del griterío. (no es cierto, sin embargo, lo que leí que decían los del PRO en Twitter: que los "echaron" pese a que "ganó la opción de dejarlos hablar"; ganó no dejarlos.)

A nivel números no hace una gran diferencia, porque son -literalmente- 8 tipos. Pero a mí no me gustó un carajo, por si no se nota.

Eso.

martes, 3 de agosto de 2010

Mesas especiales de exámenes

La semana pasada fue, para algunas cátedras, el segundo llamado a finales de Julio. Tres de los cuatro redactores de este blog estuvimos el miércoles allí en el galpón, desde temprano, esperando para rendir una materia. Lo interesante es que en el sistema SIU Guaraní había información contradictoria y confusa sobre la fecha y el horario de ese final.
A pesar de que el calendario académico establecía las fechas de finales de Julio del 12 al 24, algunas cátedras tenían su segundo llamado en la semana posterior (es decir, del 26 al 30). Primer pequeño inconveniente que no sé si produjo algún problema mayor en alguna mente inexperimentada pero ahí estaba.
Luego, el desastre. En varios de los pasos que uno tiene que hacer en el sistema SIU Guaraní para anotarse a finales, el horario del segundo llamado a final aparecía como 17hs, mientras en otro aparecía 9hs. Luego del proceso de inscripción a uno le queda un 'recordatorio' en la sección Exámenes - Consulta. En ese lugar, incluso hasta el día del final, a todos nos aparecía la misma información: "Segundo llamado, Miércoles 28, 17hs".
Por desconfianza y por precaución, aunque sospecháramos que lo lógico era que fuera a las 9, unos días antes mandamos un email a un profesor de la cátedra que amablemente confirmó el horario. Ahora lamento que no se me haya ocurrido reenviar a la lista de estudiantes de Comunicación.

El día D, a las 8:15 había ya más de 90 inscriptos. Más de uno habrá llamado a la facultad, o habrá preguntado a algún profesor para confirmar, o se habrá mandado temprano con la duda. Yo anoté mi nombre y me fui a otro piso. Alrededor de las 15:30 volví junto a mi compañero de galpón y de blog porque faltaban pocos números para que nos llamaran.
En ese momento nos encontramos con dos chicas que estaban recién llegadas (bueno, una había llegado a las 14 más o menos) para rendir a partir de las 17hs. Hablaron con profesores y titular*, pero se negaron a tomarles evaluación a pesar de creerles (o eso dijeron algunos) que la confusión surgió porque estaba mal publicada la fecha en internet. Hablaron con el director de la carrera y, según contaron, les dijo que era decisión del profesor titular. Mi señor padre, que ha sido ajunto y titular en varias facultades de la UBA, incluida la de Sociales, me confirmó esta cuestión.
Eran sólo dos en ese momento, pero podrían haber llegado muchos más a las 17hs (con esto especulaba la cátedra) y tal vez el tiempo no les alcanzaba para evaluar a todos. Yo me preguntaba, ¿y si hubieran llegado todos a las 9hs? Lo lógico, especialmente para los que ya rendimos finales multitudinarios (materias obligatorias con finales obligatorios y sin cátedras paralelas, como Ferrer o Alabarces), era que ante la presencia descomunal de estudiantes se separe el día de evaluación en dos o más. Del 100 en adelante vuelvan otro día y sanseacabó.
Yo no sé qué pasó cerca de las 17hs, porque cuando salí de rendir estas dos chicas ya no estaban y no vi a nadie más que estuviera en esa situación. Si alguno sabe si se hizo algo al respecto, avise.

Mi aporte a la comunidad, más allá de contarles esta anécdota, es lo siguiente. Las dos chicas casualmente fueron ese día a rendir su última materia, y por eso también insistían tanto. Una de ellas incluso tenía hasta la tesina hecha, según contó, sólo le faltaba aprobar este final.

En fin, a ellas y al que le pueda servir, les copio el artículo 59 del reglamento de la Facultad de Ciencias Sociales:

Artículo 59°: Aquellos alumnos a los que les faltasen 3 (tres) materias o menos para finalizar su carrera, podrán solicitar por escrito ante el Departamento de Alumnos, la constitución de Mesas examinadoras especiales en los meses del año lectivo correspondiente al calendario académico. En tales casos, será el titular de la asignatura demandada quien decidirá, de acuerdo a sus posibilidades, la fecha de la Mesa Especial. Entre la fecha de solicitud del estudiante y la fijada por el docente no podrá mediar más de un mes calendario.

Es decir, si te quedan 3 materias o menos, podés pedir que te evalúen en el lapso de un mes. Estas chicas podrían hacerlo, aunque lo correcto sería que aquellos que no puedan utilizar este recurso por faltarles más materias, pero también hayan caído en las trampas del SIU, puedan rendir antes de octubre. Con una carta respetuosa a la Dirección de la Carrera, al departamento de alumnos y/o de profesores, o mandándole un email al titular mismo -repito, respetuoso, pidiendo que se consideren las circunstancias y no haciendo demandas iracundas- tal vez puedan hacer algo de justicia.



*Evito nombrarlo para que este post no se convierta en una carta de denuncia ni en un escrache.

jueves, 29 de julio de 2010

¿Qué universidad queremos? Un copy paste interesante:

Si queremos debatir sobre los problemas de la carrera, deberíamos pensar qué carrera queremos. Dentro de ese debate, podríamos pensar en qué universidad queremos. Y para eso, ya tendríamos que informarnos un poco, para no hablar huevadas.

Con tal fin, recomiendo la lectura de este didáctico e interesante artículo producido por la revista de la facultad de Ciencias Exactas de la UBA, que comparto a continuación. Puede generar polémica o terminar en cero comments, quién sabe. Me gustaría escuchar ideas.

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¿Profesionalista o científica?

Los argentinos supimos concebir muchas discusiones sobre qué universidad queremos. Libre o laica, gratuita o arancelada, elitista o de masas, con ingreso irrestricto o con filtro de aceite. Sin embargo la principal encrucijada nunca fue planteada: ¿queremos una universidad profesionalista o una universidad científica? Esa discusión aún nos la debemos; todo lo demás son matices.

Nada es como es porque sí. Y la universidad menos. Todas las universidades del mundo adoptan modelos que son útiles a sus países y responden a distintos intereses y objetivos. El adoptado en la Argentina fue el profesionalista, un modelo basado
en la creación de profesionales, muchos y buenos, y preferiblemente a bajo costo y en poco tiempo. Los motivos de esta adopción fueron varios, entre ellos: la existencia de importantes escuelas y colegiaturas profesionales, y el auge y la necesidad
de las profesiones liberales. En definitiva, todos confluyeron en la creación de universidades como fusión de escuelas profesionales (hoy las Facultades) que tienen el cometido básico de producir profesionales y que sigue un patrón particular llamado modelo profesionalista.

Ya existía otro modelo
Mucho más antiguo que el profesionalista, ya existía un modelo de universidad muy diferente, que llamamos científico. Estaba basado en la esencia de las más antiguas universidades del mundo, que se puede resumir de esta manera: la universidad es el lugar que la humanidad se procuró para la reflexión sobre la realidad y para la
creación del conocimiento. Podemos encontrar el modelo en la Antigua Grecia, la academia de Platón y el liceo de Aristóteles, Alejandría, París, Bolonia, Leiden, Salamanca, Ginebra, y muchas más. Este modelo de universidad pervive con plena salud esparcida por el mundo. En realidad, por el primer mundo. En ese antiguo caldero se cocinó una simbiosis fecunda entre enseñanza e investigación científica. Desde entonces no puede existir una sin la otra, sin un menoscabo importante de eficiencia y calidad.

Ambos modelos se formalizaron más o menos al mismo tiempo, cercano a la Revolución Francesa y con cierta vecindad. El profesionalista se consagra en París bajo la égida del emperador, y así la llaman los estudiosos de las ciencias de la educación: universidades napoleónicas. El modelo científico lo hace en Alemania fundamentalmente bajo el ideario de Wilhelm von Humboldt que funda la universidad de Berlín (hoy Universidad Humboldt) y los especialistas lo han dado a llamar modelo científico o humboldtiano. En una lectura superficial y errada, hay quien piensa que las universidades científicas forman científicos, y las profesionalistas, profesionales.

Pero no es mi idea hacer una declaración de principios, ni menos que menos una reseña histórica, que haría pésimamente. Mi intención es hacer en esta nota una caracterización práctica, sencilla o, ¿por qué no?, una guía de campo. Una, en clave dicotómica, que nos permita reconocer cada modelo y pensar en términos prácticos cuál es el sentido, la utilidad, la conveniencia de cada uno. Con características fáciles de evaluar por cualquier mortal no especializado en ciencias de la educación o en política educativa. Acá va.

Cómo catalogar una universidad
El primer ítem es económico. La profesionalista es barata. La científica es cara. Crear conocimiento es una empresa cara, la investigación científica cuesta mucho. En cambio, comprar conocimiento ya hecho es muy barato, la mayor parte se puede conseguir en libros. La profesionalista, entonces, es ideal para países pobres y endeudados como el nuestro, de hecho es la más común en los países del tercer mundo, mientras que el modelo científico es común en los países del primer mundo. Alcanza con mirar presupuestos y comparar para sacar conclusiones.

Los estudiantes también son característicos. Los alumnos de universidades científicas son típicamente full time. Teóricas, problemas, seminarios y laboratorios hacen que el estudiante se quede prácticamente todo el día en la universidad. El alumno típico en una universidad profesionalista es part time. Habitualmente tiene un trabajo con el cual sostiene sus estudios, y cursa de noche. En las universidades profesionalistas, los centros de estudiantes se ponen locos si la Facultad no ofrece turnos noche. De día, son páramos; de noche, aglomeraciones.

El currículo es la marca en el orillo. Las universidades científicas se caracterizan por tener ciclos básicos comunes (no se confunda con el CBC; no en principio, al menos) con una intensa formación en ciencias básicas: matemática, física, química y biología. Para todos los estudiantes, con la misma profundidad y calidad. Las profesionalistas, en cambio, arrancan las clases con las asignaturas de las respectivas especialidades. Son rehenes de los contenidos profesionales. Si a los médicos hay que darles física, que sea, al menos, una biofísica, o sea algo que tenga más que ver con ellos y con un nivel no tan intenso. “¿Y para qué quiero cinemática si no la voy a necesitar para auscultar a mis pacientes?” suelen preguntar los estudiantes de medicina si se les quiere enseñar física. Los profesores tampoco saben qué contestar, y a menudo inventan situaciones hipotéticas y absurdas que no convencen ni a ellos mismos. Ambos cayeron en la trampa de los contenidos. En el paradigma científico, la pregunta no tiene sentido, todos lo viven como lo más natural, no se concibe un médico que no sepa utilizar derivadas ni hacer estadísticas.

Estos cursos básicos suelen estar a cargo de los respectivos departamentos. Por ejemplo, los cursos de matemática (por donde pasan, todos mezclados, los futuros matemáticos, físicos, psicólogos, contadores, filósofos, etc.) están dados por los docentes del departamento de matemática de la universidad. Por ello, las universidades científicas suelen tener una organización departamental. En contraposición, las profesionalistas están organizadas en estructuras de cátedra. Las primeras tienen docentes “generalistas” que van rotando entre diferentes materias; las segundas, docentes especialistas; en ellas, habitualmente, el máximo especialista se adueña de una cátedra y forma una especie de feudo académico, a menudo inexpugnable.

Otra característica de los currículos profesionalistas es que son rígidos. En las científicas, suele haber muchas materias optativas y comunes entre diferentes carreras (además de las básicas). Los estudios son flexibles y es difícil encontrar dos graduados con idéntica formación.

Un buen momento para calar una universidad, si es que todavía tiene dudas, es el mediodía. Un comedor universitario es ideal para hacer la caracterización. Es sencillo: los almuerzos de las universidades humboldtianas son divertidos y estimulantes, cuando no, eróticos. Es fácil encontrar mesas en las que comen un futuro ingeniero, con una futura veterinaria, con un filósofo y un economista. Es fácil imaginar una charla estimulante, digestiva.

Otro lugar donde se ve claramente la diferencia es en las bibliotecas universitarias. La científicas están llenas de estudiantes, de libros, ¡de revistas!, de terminales de computadora con internet y los catálogos on-line. La universidad profesionalista, en cambio, es la mayor subsidiaria de la industria del apunte.

Las materias de las universidades científicas tienen un contenido interdisciplinario importante y hay que hacerlas en inglés. Hay quien con esto puede emocionarse y a otro puede generarle urticaria. Pero es así, la ciencia es una empresa global y se comunica en lengua franca.

Permítaseme intercalar una frase de uno de nuestros adalides por la ciencia, Marcelino Cereijido: “La universidad profesionalista puede generar expertos, o a lo sumo eruditos, pero sólo de una universidad científica salen los sabios”.

Las universidades científicas son pequeñas. Las emblemáticas MIT o Harvard no superan los 18.000 estudiantes. El último censo en la UBA arroja la friolera cantidad de 320.000. De ellos, la mayoría se anota en carreras tradicionales, sin sentido académico ni estratégico. Las leyes de mercado y las modas gobiernan la matrícula de las universidades profesionalistas. ¿Se puso de moda el periodismo?, macanudo: mañana compramos un edificio nuevo y ahí entran los 40.000 estudiantes de ciencias de la comunicación que manejarán los taxis del futuro. Las universidades científicas planifican con visión de futuro.

Con docentes full time, con estudiantes full time, viviendo juntos en la universidad, docentes y estudiantes quedan atrapados en la tradición de la formación discípulo-maestro. En la otra, en cambio, el estudiante esta condenado a la masividad y el anonimato.

Ya podemos formular una pregunta crucial: ¿Cuál es el objetivo académico último de estos tipos de universidad? Para la profesionalista: la EFICIENCIA. Para la científica: la EXCELENCIA.

Y a mí qué
Ahora bien, supongamos que acordamos las diferencias entre ambos tipos de universidad. ¿Qué podría hacer que prefiriéramos una universidad científica a una profesionalista? Yo tengo dos motivos importantes. El primero es la ciencia en sí misma. La ciencia es una concepción del universo, un modo de enfrentar el universo, basada en la razón, la observación, la experimentación, con prescindencia de dogmas, creencias y del principio de autoridad; es un sistema de conocimiento con enormes implicancias en la filosofía, la ética, la moral y la vida. Ser científico es un
desafío personal de cada uno, que deberá librar en angustiosa minoría.

El segundo es estratégico. Basar el sistema educativo superior en universidades profesionalistas es el mejor modo de encadenarse a un modelo de país dependiente; dependiente de insumos, recetas y saberes desarrollados en el primer mundo, consumidor y esclavo de tecnologías y conocimientos importados. Por el contrario, tener universidades científicas es condición necesaria para generar un proyecto de país independiente. No se puede ser un país soberano ni, menos aún, rico, sin tener ciencia.

Bueno, me detengo aquí. Debe haber una guía más seria y más completa. Este es un resumen para todo público.

De aquí en más
La perspectiva no es muy halagüeña. Nuestros gremios docentes están embarcados en conseguir estabilidad laboral, contrario al principio reformista de la periodicidad de cátedra, lo que convertiría la universidad en un ente burocrático y mediocre parecido a un ministerio kafkiano. Los centros estudiantiles, hoy dominados por partidos políticos de izquierda (una nueva y reaccionaria izquierda) sostienen, en su mayoría, la trasnochada idea de que la ciencia es una herramienta de dominación
capitalista y no pueden distinguir entre científica y cientificista. La opinión pública y los medios de comunicación masivos soportan el bombardeo mentecato de los discursos posmodernistas que relativizan el conocimiento científico equiparándolo a creencias religiosas y modas culturales. La cosa está peluda.

Pero aunque parezca una meta inalcanzable, generar universidades científicas no es imposible. La época de oro de la UBA, del 56 al 66, demuestra que en muy poco tiempo se puede patear el tablero y dar un golpe de timón que nos encamine hacia un rumbo de excelencia. Algo tenemos los argentinos, yo no se qué, pero somos el único país latinoamericano con tres Premios Nobel de ciencia, y con otras treinta luminarias científicas que no recibieron el Nobel, otros trescientos en puestos top en todo el mundo, y unos 60.000 científicos formados, yirando aquí y allá. Algo hay. Tal vez ese algo nos permita darnos el tiempo necesario para reflexionar sobre esta encrucijada y, quién sabe, un día, tomemos el rumbo señalado.

Es imposible modificar el sistema universitario argentino para que adopte el modelo científico. Pero no hay razón valedera para evitar que ciertos grupos académicos que están en condiciones de adoptarlo deban renunciar a ese objetivo. Las condiciones están dadas para que una partición racional de la UBA permita la generación de una (tal vez dos) universidad científica que nuestro país necesita y merece.

viernes, 23 de julio de 2010

Cada vez menos ingresantes al Galpón

Nota de hoy en Página/12

BAJARON UN 40 POR CIENTO LOS INGRESANTES A LA CARRERA DE COMUNICACION SOCIAL DE LA UBA
Una estrella que está en declive

Los ingresantes a la UBA decrecieron en promedio un 22,4 por ciento en los últimos cinco años. En el caso de Comunicación esa merma casi se duplicó y contrasta con el estallido de hace quince años, cuando superaba todas las expectativas.

Alguna vez supo ser la estrella de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires (UBA). Sin embargo, cada vez menos jóvenes se inscriben a la carrera de Ciencias de la Comunicación: en los últimos cinco años, el número de estudiantes que ingresaron en el CBC para Comunicación bajó un 40 por ciento, según datos de la propia universidad. Desde la UBA aclaran que hubo una merma en todas las facultades, alrededor de 22,4 por ciento en promedio, y la explican a partir del repunte económico y la aparición de carreras parecidas en otras universidades. De todos modos, el director de la carrera de Ciencias de la Comunicación, Glenn Postolski, admite que también influye la extensión de la cursada.

“Es el fin de la explosión, un reacomodamiento”, explica la subsecretaria de Planificación del CBC, Marta Hughes. “Hace quince años, Comunicación fue un boom y recibió una bestialidad de inscripciones. Ahora se amesetó”, ilustra Hughes, apoyándose en un gráfico que indica cómo de 2004 a 2009 los anotados a Comunicación pasaron de ser 2700 a poco más de 1600, un número similar al que se observaba antes del boom de mediados de los ’90. Para la funcionaria del Ciclo Básico Común, “son modas, parte de un fenómeno que se repitió en varias carreras como Diseño de Indumentaria”.

Glenn Postolski, flamante director de la carrera de Ciencias de la Comunicación, elegido para el período 2010-2012, reconoce la merma de estudiantes y analiza varias causas. Algunas exceden a la propia facultad, como el cuestionamiento social a la figura del comunicador. “Hay una crisis del campo profesional que repercute en el imaginario del estudiante”, expresa Postolski, que como graduado de la carrera recuerda que “en algún momento hubo un auge de ingresantes vinculado con las dificultades económicas que atravesaba el país. Con la recuperación económica, es posible que una porción de ellos se haya volcado hacia las universidades privadas”.

Hughes suscribe a esa hipótesis. La funcionaria cuenta que, en los años inmediatamente posteriores a 2001, carreras como Comunicación “sonaban atractivas para todos aquellos jóvenes que no querían meterse en una carrera muy larga, cuya profesión necesitara un título habilitante, como Medicina o Derecho”.

La caída en la inscripción también puede explicarse a partir del surgimiento y desarrollo de las carreras de Periodismo y Comunicación Social en las universidades públicas del conurbano, como la de Quilmes o la de General Sarmiento. Para Postolski, la principal competencia que hoy enfrenta la UBA no son las carreras privadas de periodismo, sino las de producción de contenidos o entretenimiento. “La comunicación se volvió un campo mucho más complejo y necesitamos ir generando ofertas específicas sobre conocimientos que hoy están vacantes”, señala.

Así, la menor cantidad de ingresantes también permite lecturas relacionadas con la propia oferta académica. “Nuestra carrera es demasiado extensa –admite el director–. La tasa media de cursada de nuestros egresados es de siete años y esto es algo que debemos resolver: cómo adaptar nuestros contenidos, que son muy ricos, a una carrera de grado que no dé un título oficial recién a los siete, ocho años”, ilustra.

La necesidad de una reforma al plan de estudios cobra más fuerza si se piensa que el programa es prácticamente el mismo desde 1985, cuando se fundó la carrera. Hubo diversos intentos de modificarlo a lo largo de los años, pero nunca prosperaron. ¿Existen motivos para entusiasmarse esta vez? “Ahora armamos un espacio de discusión semanal que va a funcionar a partir de mediados de agosto”, cuenta Postolski. Su intención es llegar a las Jornadas de Comunicación, previstas para noviembre, con posibles soluciones a los dos principales problemas de Comunicación: la excesiva extensión de la cursada y la gran cantidad de materias obligatorias.

La propuesta de Postolski es que la carrera tenga la mayor cantidad posible de materias cuatrimestrales, para acercarla a una duración real de cinco años. También pretende reducir el número de asignaturas obligatorias (unas veintiséis conforman el tronco común) y aumentar las optativas, para que haya “mayor flexibilidad en el recorrido de los estudiantes”. No será un proceso fácil y ya se anticipan algunas resistencias. “Es difícil que alguien que hoy está con una materia obligatoria que se propone como electiva vaya a estar contento –evalúa–. Pero también es posible que la modalidad de las optativas, que se dictan un cuatrimestre sí y otro no, permita generar otra forma de trabajar al interior de las cátedras y que resulte beneficioso para docentes e investigadores.”

Para intentar modificar este panorama, el actual director apuesta a la serie de charlas que comenzarán el próximo mes y que estarán abiertas a toda la comunidad educativa. “Queremos ir construyendo consensos a medida que armamos la propuesta.”

lunes, 14 de junio de 2010

Consejos obvios

No es una buena idea cursar dos materias, a la misma hora, en distintas sedes, un rato antes de tener que ir a una tercera y luego a laburar en un cuarto lugar alejado de todos los anteriores.

Algo termina cediendo.

Sí, ya sé: esto es como recomendar no rasurarse la entrepierna con un sable si uno padece un severo mal de Parkinson. Pero no hay que subestimar la estupidez de la especie humana, o al menos de ejemplares de ella como el que escribe.

viernes, 7 de mayo de 2010

Que vuelva Carlos

(No, Mangone no. Savransky tampoco.)

El mejor graffiti de toda la facultad está en aula 208, en uno de los bordes del pizarrón, y dice en mayúsculas:

ZURDOS PUTOS LAVATAPER, AGUANTE MENEN

(sic)

miércoles, 21 de abril de 2010

Oído al cursar



"El cuerpo es finito, la finitud nos vuelve indeterminados. Vos podés decir 'me voy a recibir de odontólogo y le voy a sacar las muelas al Papa'... Y por ahí te morís y ni terminaste el CBC."


Gustavo Varela, profesor del Seminario de Diseño -y de otras materias del Galpón- explicando Merleau-Ponty

lunes, 29 de marzo de 2010

Prebendas y contratos de lectura



“En 2007, a una semana de las elecciones, La Nación publicó una entrevista con el rabino Bergman en la cual el rabino se indignaba de quienes iban a votar con un choripán en una mano y un voto en la otra. Mientras tanto, por esa fecha, el diario ponía en tapa ‘Asesinato en un country’ y ‘Otro robo en tal lado’. ¿Por qué nadie dice, entonces, que La Nación pone el miedo en una mano y el voto en la otra?”

Stella Martini (cita aproximada) en el teórico del 29-03-2010

domingo, 7 de marzo de 2010

León Sarmiento y el salario docente



"(...) El tema educativo es uno de los más tapizados por los lugares comunes habituales de la cultura argentina. Los deliciosos testimonios que nos disparó Abel Posse en su corta pero fructífera gestión pueden ser un buen ejemplo: Posse era un sarmientino presuntamente ortodoxo, pero su derechismo vertiginoso y su probada incapacidad intelectual le impedían salir de la tontería del apostolado y del “los perjudicados por los paros son los alumnos”. Hoy Sarmiento sería un trotskista militante de los gremios docentes más radicalizados, y la sola mención de que $ 1.900 pueden ser un salario civilizado lo haría reescribir el Facundo. (...)"

Pablito Alabarces en Crítica, 14-02-2010

martes, 16 de febrero de 2010

Quejas sobre la inscripción - Edición LXXVIII



He escuchado anécdotas de alumnos de otras universidades que, al lado suyo, dejan cualquier cosa que me haya pasado en la UBA como un poroto, pero como somos unos pendejos malcriados, vayan unos comentarios sobre el clásico de Febrero y Julio/Agosto: la inscripción a las materias.

Como soy un boludo (vean, la primera queja es sobre mí) no me di cuenta de inscribirme a tiempo en el profesorado, que me interesaba hacer mientras decidía la orientación, así que no había forma de anotarme en las materias específicas de él. Pero no fue éste el único obstáculo. Ocurre que a medida que van quedando menos en la carrera darwinista hacia el final de la carrera, las ofertas de comisiones y horarios son mucho menos amplias y variadas, por la escasez de alumnos. Entonces, si uno trabaja, o si es un enfermo mental que no quiere anotarse en 3 materias que caen todas a la hora de los partidos del mundial, o ambas cosas juntas y otras más también, se le complica mucho hacerse un cronograma cuando las opciones son escasas.

Hay un elemento que aporta flexibilidad: los seminarios optativos. 10, 15 ó 20, de los que uno elige uno o dos que le interesan, quizás para la tesis o quizás simplemente por placer.

Pero esta flexibilidad se va al carajo cuando sin previo aviso ni explicación sacan de la oferta de un año para el otro los seminarios que uno tenía planeado hacer. Tal fue el caso, este año, de un seminario dictado por Castillo, también titular de Economía: “La formación del discurso económico como discurso de poder: política económica y medios de comunicación”, que me pareció que tenía su interés. No fue el único, si no me equivoco.

Como no me daba lo mismo hacer ése que, digamos, "Identidades, discursos sociales y tecnologías de género. Debates contemporáneos", me quedé medio en bolas, aunque terminé rebuscándome un hueco horario para meterme en otro seminario que sí me interesaba, aunque al alto costo de perderme partidos de la talla de Portugal vs. Dinamarca y Chile vs. Suiza.

Una adentro, entonces, y queda anotarse en un par más. O al menos en una segunda, a cambio de dedicar el tiempo que sobre a preparar un par de finales pendientes. No era fácil: los pocos combos que podía elaborar se caían por razones que parecían tomadas de pelo. En algunas cátedras, hay hasta cuatro comisiones (¡fantástico!), pero... ¡las cuatro en exactamente el mismo día y el mismo horario! No muy útil. Por suerte esa materia tenía cátedra paralela: de noche, y con dos comisiones de prácticos... también en el mismo horario. Y en un horario que se superponía con la otra que tenía en mente hacer. OK, muevo de horario la otra, entonces, a ver cómo me queda en el Excel que me armé... ¡uh, pero la puta madre, la otra también tiene todas las comisiones a la misma hora!

Y así.

Todo esto pasó, no estoy inventando una palabra. Pese a haber empezado el diseño de horarios el jueves, un día antes de que abriera la inscripción, y de haber hecho un borrador en Enero en base a la oferta de 2009, terminé recién el lunes, día de cierre de la misma, tras cuatro días de dedicación semi-completa a esta obra de ingeniería. El resultado no fue una lujosa torre de 65 pisos, de todas formas. Gracias que me anoté en 3 materias, dos de las cuales no sólo se superponen un poquito (pero en horario de teóricos, cosa a la que puedo sobrevivir) sino que encima ¡quedan en distintas sedes! Y me vuelvo de capital al conurbano a medianoche, cuando ya no circula el más grande logro de la civilización, es decir el subte. No habré terminado el martes a las 5 AM en el techo de la sede Constitución, pero pegó en el palo.